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Paul Hansen

Tras dar a conocer hace unos días al ganador de la mejor foto del World Press Photo, surgió un agrio debate en los comentarios del post sobre el exceso de retoque. Algunos argumentaban que no merecía ser ganadora, que si se notaba una poco natural iluminación por exceso de procesado, sobre la ética…

¿Se ha perdido el punto de vista de lo que realmente muestra la foto de Paul Hansen? éste y otros aspectos se han tratado en el debate, ahora de nuevo expandido (recomendable este artículo en francés al respecto), y que no es nuevo.

Echando un vistazo a la galería del sueco Paul Hansen nos encontramos con un tratamiento similar en otros de sus trabajos (aquí tenemos un ejemplo muy claro). Suponemos que es algo que ha pesado en el jurado de World Press Photo para su aceptación (y que Hansen ha explicado).

Aunque subyace algo más. Es probable que hace algún tiempo fuese inadmisible, que el retoque realizado por Hansen se considerara que desvirtuaba el espíritu fotoperiodístico de la imagen. Pero ¿realmente es así? la fotografía recoge un momento con mucha fuerza, una escena sobrecogedora y eso no deberíamos perderlo de vista (tal y como justifica el jurado). Al igual que nuestro compatriota Samuel Aranda en su imagen ganadora de la anterior edición.

¿Dónde está límite? ¿llegaremos a un consenso?

El jurado del World Press Photo ha tenido en cuenta que no se ha eliminado ni añadido ningún elemento. Según esto, el procesado de Hansen, que es parte de su estilo propio, ha sido aceptado dentro de unos “supuestos límites”, aunque para algunos sea excesivo, lo cierto es que hoy son más aceptados. Es muy seguro que no, hace poco tiempo.

Tenemos un caso reciente en el lado opuesto. El español Harry Fisch fue descalificado por eliminar una bolsa en una captura con la que se alzaba ganador en los premios del National Geographic. ¿Es tan grave? ¿desvirtúa el resultado final? de nuevo tengo muchas dudas de que sea así y su descalificación sea más por un jurado menos tolerante (de momento) con estos detalles de procesado que al final acaban tomando demasiado protagonismo y se queda en un segundo plano el verdadero valor de las imágenes.

Hoy mismo, el propio Fisch comenta en un entrevista este asunto, en Digital Camera World. Y hace muy poco otra fotografía suya ha sido finalista en los Sony World Awards 2013.

Daniel Airob reflexiona a fondo sobre este asunto en The W Side, exponiendo también el ejemplo de Klavs Bo Christensen con una foto sobre Haití, con una fotografía descalificada por el jurado de los POY Awards daneses por considerar que tenía un exceso de post-producción. El propio Christensen aceptaba su derrota esperando que sirviera para debatir sobre el asunto y llegar a un punto concreto. Otra opinión citada por Airob es la del italiano Paolo Pellegrin, que viene a ahondar en lo mismo. Como vemos, difícil alcanzar un consenso, sobre todo cuando se tratan de establecer unos límites y los criterios son dispares.

Otra opinión, la de Ana Prieto, en la Revista Ñ del diario argentino Clarín, es más tajante:

Lo discutible no es su currículum ni su talento ni tampoco el hecho de que haya decidido retocar la foto que tomó aquel día de noviembre. Lo verdaderamente problemático es que justamente por obra de esa manipulación, de ese “plus” para hacerla acaso más poética, la fotografía no logra transmitir nada de lo que lo que estamos compelidos a suponer que intenta transmitir.

También en contra, comenta Allen Murabayashi en PetaPixel:

Cuando las imágenes dejan de parecer reales y muestran un retoque excesivo, tenemos un problema de veracidad.

Por su parte, otra voz destacada, la de Donald R. Winslow, al frente de la revista de la NPPA (National Press Photographers Association), que afirma que hay seguir debatiendo sobre esto y que debería haber un consenso entre lo que publican los editores y lo que se admite en los premios (que como en el caso de Hansen y otros son diferentes para una misma imagen).

Termino con Alex Coghe que es también contundente. No está en contra de la edición en el fotoperiodismo, pero sí del exceso como ha sido el caso de Hansen, donde el dolor de la imagen queda desvirtudada por su aspecto de “dibujos animados”.

El debate continúa y lo seguirá haciendo, lo malo, quizás, sea que no se llegue a un encuentro y que este exceso se ponga de moda (dando premios se consigue) y se desvíe la mirada de la realidad que el fotoperiodismo muestra. Mucho más importante.

Fotos | Paul Hansen (Suecia), en Dagens Nyheter y Paolo Pellegrin en POYi

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