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camara espia

En 1886, un señor llamado J. Lancaster & Son, de Birmingham patentó y posteriormente comercializó un modelo de reloj que incorporaba una cámara espía.

En aquellas fechas, estábamos ya finalizando la época victoriana. Una época marcada por el puritanismo, que chocaba con la forma de vida de la mayoría de hombres británicos. Y es que a pesar de las convenciones sociales y la sagrada institución del matrimonio no eran inconveniente para que éstos visitaran los burdeles y matuvieran relaciones adúlteras. Y claro, en caso de que la mujer quisiera separarse, o lo hacía presentando pruebas de adulterio o estaba condenada a la ruina económica y a la vergüenza social.

Con esta especie de engendro mezcla de cámara-espía y cámara de placas fabricada por J. Lancaster & Son, se podía obtener ese documento gráfico del caballero adúltero en situaciones comprometidas, y lo que era más importante: se conseguía una prueba inequívoca de su traición para que aceptase separarse sin hacer demasiado ruido, y por supuesto, pasando por caja.

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El último especie de cámara espía para mujeres se vendió recientemente por 36.000 dólares en una subasta. Realmente sólo tiene un valor histórico. La cámara no fue finalmente tan popular, pues tenía un gran hándicap: era extremadamente compleja de utilizar. El objetivo había que montarlo, y no era muy intuitivo. Tampoco lo era montar la película. Vamos, que la cámara fue un fenómeno social más como revulsivo que por su utilidad práctica. Actualmente, que se sepa, sólo quedan cuatro ejemplares en el mundo.

Más información | Cámaras espía vintage

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