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El tema de fotógrafos con limitaciones físicas o psíquicas, quizás no sea novedad. Y el motivo es que esta circunstancia a veces se convierte en noticia. Todos nos hemos sentido impactados al ver la obra de calidad de algún artista ciego, que a pesar de verse obligado a renunciar a la percepción visual del mundo, a la hora de representarlo consigue estar a la altura de lo que se esperaría de otra persona sin esa limitación.

Estos ejemplos nos resultan inspiradores en la medida en que demuestran que sólo existen límites más allá de lo que nos autoimponemos. Pero pocas veces nos preguntamos sobre como estas personas logran sortear sus dificultades. Repasemos algunas de las típicas limitaciones que podrían considerarse contradictorias con el trabajo de un fotógrafo para profundizar en la forma en que estas personas logran adaptar su trabajo a ellas.

Fotógrafos ciegos

Recientemente, Neil Leifer (conocido por sus fotografías publicadas en Sports Ilustrated y Life) dirigió el documental “Dark Light: The Art of Blind Photographers“, que precisamente recopila el día a día de varios fotógrafos ciegos. Por descontado, su trabajo se tiene que basar en métodos y creencias diferentes de las que consideramos habituales, y esto es precisamente lo que nos muestra este documental.

Os recomiendo verlo. Porque más allá de la curiosidad que sintamos en relación a cómo estas personas consiguen superar las evidentes dificultades, sus historias nos dan una lección de adaptación y superación.

Un ejemplo es Pete Eckert, que mediante un sistema braille es capaz de medir y pintar con luz, lo que le permite realizar capturas basadas en una imagen mental. Por otra parte, Henry Butler, afectado por glaucoma infantil utilizó su gran talento como músico para llegar a la conclusión de que todo está compuesto por vibraciones. Y este convencimiento lo aplica de forma práctica en su trabajo.

Se trata de dos casos diferentes, pero que tienen algo en común: la capacidad de adaptar el mundo a los sentidos y recursos que les quedan.

Y tampoco hay que hacer grandes alardes técnicos. El caso del norteamericano Tommy Edison es un ejemplo. Un invidente apasionado de Instagram. Armado con un iPhone, hace uso de sus herramientas de accesibilidad para saber donde está cada tecla, y comparte fotos con sus más de 30.000 seguidores. No hace especial incapié en buscar la forma de encuadrar una escena, puesto que es ciego de nacimiento. Así que se limita a capturar aquellos momentos que considera especiales.

Fotógrafos daltónicos

Evidentemente esta limitación no es tan seria como la anterior, pero quizás te preguntes como puede trabajar el color alguien que es daltónico. Pues bien: es posible.

El daltonismo consiste en el disfuncionamiento de unas células que tenemos en nuestro ojo, llamadas “conos”. Están divididas en varios grupos, y cada uno de ellos es sensible a uno de los colores primarios. Con que uno de esos grupos de conos fallase, el indivíduo ya es incapaz de reconocer una parte de la gama completa de colores.

Esto es fácil de determinar a través del test de Ishihara, que podéis hacer vosotros mismos en este momento. Consiste simplemente en reconocer los números en cada uno de los círculos del siguiente dibujo:

daltonismo

Para esquivar esta limitación, lo más importante es conseguir que el balance de blancos de la imagen esté perfectamente configurado, ya que es el que determina los colores de la foto. Para ello suelen usar tarjetas de gris y decirle al programa de procesado que ajuste el WB en base al color capturado en esa tarjeta.

Para ajustar posteriormente el color, existen soluciones comerciales como Eye Pilot que permite crear un espacio de color más amigable para el ojo del daltónico. Se puede combinar con Color Blind Assistant, que asignará valores numéricos a los colores según vayamos pasando el ratón por encima de ellos. Así que como véis, el daltonismo no tiene por qué suponer en principio ningún problema para un fotógrafo.

Fotógrafos sin brazos

Esta es otra prueba de que no hay nada que detenga a una persona si tiene la firme convicción de lograr su sueño. Tenemos el siguiente caso de una mujer de Indonesia llamada Rusidah, que desde pequeña quiso ser fotógrafa, y a la que un accidente mutiló los brazos hasta la altura del codo.

Su pasión por la fotografía y su lucha por dedicarse a ello dio la vuelta al mundo, hasta que Canon, en el año 2012, le regaló un equipo digital completo, con el que pudo sustituir su antigua réflex analógica. En el vídeo podréis ver como maneja la cámara sin ninguna dificultad. Sólo consiste en proponérselo.

Fotógrafos que padecen una patología mental

En este caso, más que una limitación se trata de un rasgo condicionante. Ya en su momento Aristóteles definía el arte como purga o catarsis del alma. Y Freud, muchos siglos más tarde, lo corroboró. Según ellos, todos los artistas necesitan una dosis de catarsis, y eso incluye, por supuesto, a los que sufren algún tipo de patología mental, que encuentran dicha catarsis precisamente en su propia personalidad. Quizás por ello se nos presenta a menudo el estereotipo del artista que es a la vez un genio y un loco.

Un ejemplo de artista con patología mental lo tenemos en Van Gogh, al cual Freud, a partir de su obra, diagnosticó una psicosis cicloide (lo cual implica que durante algunos momentos sufría de alteración de la percepción). Y esto se reflejaba en los colores extremadamente vivos de sus cuadros, que parecían obstinarse en canalizar algún tipo de violencia reprimida. ¿Quien sabe? Sólo son teorías.

Este fenómeno no es ajeno a la fotografía, y un buen ejemplo lo tenemos en David Nebreda, al cual mi compañera Gema dedicó un artículo en el que detallaba como utilizaba su esquizofrenia para profundizar en lo más oscuro de si mismo, para después convertirse en un polémico artista de éxito.

Así que en ciertos casos, parece que una patología de este tipo, lejos de convertirse en un problema, consigue incluso ser decisivo en esa catarsis que comentábamos más arriba.

Conclusión

Existen muchas más limitaciones. Pero con esta lista sólo pretendo mostraros una evidencia: en el arte importa el talento y la voluntad de utilizarlo. Más allá de eso, nadie debería aceptar ninguna limitación que le impida disfrutar de su pasión. Hay gente que tiene más limitaciones, pero las admite y lucha para estar en condiciones de pasar por encima de ellas. Desde aquí, nuestra admiración hacia todas ellas.

Foto de portada | Flickr de Gioia De Antoniis

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