
Con esta rabia que mostramos debían estar nuestros compañeros de la prensa gráfica de Madrid ayer, durante la sesión celebrada en Congreso de los Diputados. Ayer era el día después. ¿El día después de qué? Recordémoslo. Hace poco una fotografía del compañero Alberto Cuéllar desató la polémica y con ello, lo que es peor, la prohibición. La fotografía en cuestión mostraba la mano de un conocido político recibiendo un sms donde se podía leer el texto. Dicha fotografía fue publicada en su diario acompañando el artículo correspondiente.
Tras este hecho nuestra cámara de representantes, decide aprobar una norma que presuntamente pudiera “restringir” el derecho a la información. En dicha norma se advierte de la retirada de la acreditación si fotografían y difunden mensajes de móviles, notas u otros textos que los diputados tengan en sus escaños. Esta es la cuestión.



