
Muchos de nosotros tenemos niños en nuestro entorno. ¿Qué mejor que compartir con ellos una de nuestras pasiones? No dudes que cuando haces fotos te observan y hasta en muchos casos te imitan. Puede que detrás de esa actitud haya algo más, puede que se esconda una inclinación por la fotografía.
Casi siempre, para ellos, la cámara es un “oscuro objeto de deseo” que pocas veces les dejamos tocar. Si los estimulamos de la manera correcta, seguramente le cogerán a la fotografía el mismo cariño que nosotros le tenemos. Se trata además de una actividad que incentivará su creatividad y su capacidad para tomar de decisiones. ¿Qué mejor que compartirla con ellos?
Por todo esto hemos recopilado unos cuantos consejos para que, cuando menos, intentéis compartir la fotografía con vuestros hermanos, hijos, sobrinos, primos pequeños… y niños del mundo en general. Empezaremos por lo más básico.
Cuando inicias a un niño en cualquier cosa pueden pasar tres cosas: que de entrada le interese muchísimo, que más tarde lo que le interesaba tanto deje radicalmente de hacerlo o, directamente, que no le interese absolutamente nada.
Supongo que si estás leyendo esto es porque esperas encontrarte en el primer caso. Si de entrada se da este caso vamos por buen camino, pero no conviene tirar las campanas al vuelo y comprar una cámara todavía. Puede pasar que quizás se le pase rápido el interés y entonces habrás tirado el dinero.
Si el entusiasmo por esta nueva actividad permanece durante una temporada, quizás sí sea buena idea escoger una cámara como regalo perfecto para una ocasión especial. En ese caso puede que este artículo en el que os explicábamos cómo elegir una cámara para un niño os ayude.
Este es el momento de darle consejos sencillos: que apague la cámara cuando no la esté usando o que no toque la parte frontal del objetivo con los dedos. Le ayudarán a entender que la cámara es algo que hay que cuidar. Y que sólo estando bien cuidado podrá proporcionarle “placer”.
Por cierto, es muy importante también que le enseñemos a tener siempre la cámara colgada, ya sea a la muñeca o al cuello, de forma que un descuido no haga que acabe en el suelo sufriendo consecuencias irreversibles.
De tareas logísticas como tener las baterías cargadas, las tarjetas vacías me temo que por una temporada seguirás siendo quien se tenga que ocupar.
Será siempre mejor adaptarse a los aspectos que a él le pueda interesar. Apreciará más que le enseñemos a encender y apagar la cámara por sí mismo, a agarrarla correctamente, a evitar meter la mano delante del objetivo, a usar el visor y/o el LCD, etc. Con esto, para empezar, será suficiente.
Si el niño no es demasiado pequeño (a partir de los siete u ocho años), quizás herramientas como el zoom o el flash integrado en la cámara puedan ser útiles ya para él.
Cuando hice este experimento no dejó de sorprenderme el resultado: ¡hacían fotos de sus juguetes! Es lo habitual, sus primeras fotos se centrarán en su mundo: sus juguetes, sus mascotas y los miembros de su familia.
En la próxima entrega recopilaremos algunos consejos de cómo relacionarnos con los niños y con la fotografía para que la disfruten más. Una experiencia que sin duda será enriquecedora para ambas partes.
Foto de cabecera | Andy Hay