
Recientemente me vi en la situación de tener que hacer unos bodegones, concretamente de repostería, con más bien pocos medios. Así que, ahora que estamos ahondando también en el microstock, se me ocurrió compartirlo con aquellos que podáis estar interesados.
Sin trípode, ni focos o flashes de ningún tipo y únicamente disponiendo de mi cámara con un objetivo 50 mm., me las tuve que ingeniar para sacar adelante el trabajo con los medios caseros disponibles e improvisados.
Partimos de la base de siempre, la fotografía es luz, y por tanto si queremos modificar o construir una escena – nuestro bodegón – lo haremos utilizando y modificando la luz, paso a paso. Pero esto no significa que tengamos que usar necesariamente carísimos equipos de iluminación, los cuales por supuesto que nos hacen la vida más fácil, sino que también podemos hacer grandes cosas con bien poco.
Cuando se trata de fotografía de alimentos, especialmente de postres, la fórmula de iluminación más extendida y efectiva es una luz principal lateral y ligeramente trasera o viceversa (trasera, contraluz, pero ligeramente ladeada), aunque por supuesto hay muchas más maneras. Además si contamos con una buena ventana luminosa en nuestra casa, no necesitaremos mucho más ya que será suficientemente grande para que no genere sombras demasiado duras. Lo ideal es un día nublado o luz indirecta (como la que viene de un patio de luces, pero ¡ojo con el fondo de nuestra foto!). Si entrase luz del sol directa, siempre podemos tamizarla con unas cortinas translúcidas, una sábana fina o papel vegetal.
Pero, si la luz viene de atrás… ¿qué pasa con el verdadero protagonista de nuestro bodegón? ¿quedará en sombra a contraluz? La respuesta es no, ya que a continuación iluminaremos nuestro postre utilizando reflectores. Como no tenemos otras fuentes de luz, lo que vamos a hacer es ir dirigiendo la misma luz principal hacia nuestro plato.

Esto lo podemos hacer de forma más burda, mediante un gran reflector de papel de aluminio por ejemplo, o más trabajado, con pequeños reflectores que vayan aportando puntos de luz localizados en donde nos interese. De la misma manera, iremos también cortando la luz que nos moleste o no nos guste – con pequeños trozos de cartulina negra, por ejemplo – de nuestra escena.
De todos modos, una vez que sabemos la luz que usaremos y cómo la trabajaremos. El “atrezzo” o estilismo de nuestra composición será la otra clave del éxito, en función de lo bien y mucho que nos lo trabajemos. Podemos servirnos de cubertería, mantelería, tazas, platos, ingredientes relacionados con el motivo como azúcares o frutos, etc. Ensayo-error e imaginación serán tus mejores aliados.
A continuación os voy a proponer algunos materiales cotidianos que nos servirán perfectamente para nuestro set fotográfico:

Pero no olvidemos tampoco los trucos habituales en fotografía de alimentos que nos ayudarán a darle ese toque extra que marcará la diferencia:
Haced todo tipo de pruebas, dando rienda suelta a vuestros instintos e imaginación, hasta que encontréis la imagen que estabais buscando. Y por supuesto, si os apetece, compartid vuestros resultados con nosotros en nuestro grupo en Flickr.
Fotos | Santiago Díaz
En Xataka Foto | Fotografía de Microstock | Consejos para fotografiar alimentos