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Mientras que en cualquier retrato de tono íntimo necesitamos una cierta interacción y complicidad entre modelo y fotógrafo, existen ciertos tipos de retratos, como los realizados en fotografía callejera, que requieren de espontaneidad para transmitir la fuerza que requiere una buena foto.

Quien nunca se ha enfrentado a este tipo de fotografía, puede pensar que es sencilla o depende demasiado de la suerte. Es cierto que el ambiente caótico de algunas calles nos permiten fotografiar sin que nadie se de cuenta, y que los objetivos de menor distancia focal (angulares) permiten fotografiar a un sujeto sin apuntarle directamente. Pero una cosa es conseguir hacer este tipo de fotos, y otra muy distinta conseguir tomas de gran calidad.

¿Qué sentido tiene hacer fotografías espontáneas?

Viajando por el mundo, podemos ver que la vida de una ciudad se desarrolla delante de nuestros ojos y nosotros somos meros espectadores. En las tareas cotidianas de comer, jugar, trabajar o bailar se encuentra la verdadera esencia de la vida en una ciudad. Captar estos momentos sin que los actores se den cuenta, permite acercarnos más al verdadero carácter del lugar. De lo contrario, no obtendríamos la fotografía de un monje budista rezando, sino la fotografía de la reacción de ese monje ante la presencia de la cámara.

Y es aquí donde la fotografía espontánea cobra verdadera relevancia. Cuando entendemos esto, nos damos cuenta de su dificultad. Porque un retrato espontáneo requiere la misma destreza que un retrato íntimo, sólo que no tenemos el mismo tiempo ni los mismos medios de crear un encuadre con suficiente fuerza como para que la fotografía merezca la pena y no acabe condenada al ostracismo de nuestro disco duro.

La composición

Esta es una de las tareas más complicadas de conseguir cuando realizamos fotografías espontáneas. En una calle repleta de gente, es muy difícil aislar al sujeto, por lo que hay que ser realmente creativo para conseguir un buen encuadre, bien expuesto y bien enfocado. Y todo ello unido a la tarea de conseguir expresar el sentimiento que pretendemos.

Tenemos que tener en cuenta que en este tipo de fotografías prima crear la sensación de que el que ve la fotografía se debe sentir un espectador de la escena. Y a ello contribuyen los objetivos de focales amplias, que capturan la realidad de forma más semejante a nuestros ojos.

Llegado el punto, un paseo matutino por un mercadillo o una calle concurrida se convierte en una constante toma mental de imágenes a partir de todo lo que ocurre ante nuestros ojos. Y una vez conseguimos una escena que llama nuestra atención, no hay que quedarse ahí. Debemos hacer el ejercicio de buscar una perspectiva atractiva. Puede ser un contrapicado o una zona oblicua que nos permita jugar con las líneas de fuga. En todo momento, debemos preguntarnos si es posible otro encuadre que permita comunicar de manera más acertada el sentimiento que tenemos en mente. Si creemos que aún hay un encuadre mejor, es que todavía no tenemos nuestra foto.

Lo que siempre debemos evitar es fotografiar escenas caóticas, en la que pasan demasiadas cosas o símplemente no ocurre nada. La experiencia nos dará miles de trucos para conseguir evitar esto: utilizar bajos tiempos de exposición para que los objetos en movimiento alrededor del protagonista se difuminen, utilizar el valor compositivo de un color que destaca sobre los demás, difuminar al protagonista para crear sensación de anonimato o cambiar de perspectiva bajando al nivel del suelo. En este tipo de fotografía la primera norma es que no hay normas.

Encuadrando al protagonista

Compositivamente, hay que seguir la regla de “menos es más”, es decir, incluir en el encuadre lo justo. A veces pretendemos meter brazos o piernas del retratado que no dicen nada al conjunto. No hay nada de malo en sacarlos del encuadre. Pero hay que tener mucho cuidado con la forma en que se incluye o excluye estos elementos. Por ejemplo, suele decirse que cortar un brazo o una pierna a la altura de las articulaciones puede dar al espectador una sensación negativa.

Tenemos que dejar de ver objetos y empezar a ver líneas, formas y tonalidades. Cuando entendamos esto, nos resultará más fácil contextualizar las distintas partes de una fotografía y empezaremos a entender la esencia de una buena composición. A partir de ahí, nunca dejaremos de aprender. Tened en cuenta que muchos artistas plásticos en la antiguedad dedicaban toda su vida a estudiar composición, algo que hoy en dia hace muy poca gente. Por ello: ¿quien sabe realmente composición en la época actual? La respuesta es: muy poca gente.

Y además, no debemos olvidar aprender a hacer un “checklist visual” de todo lo que no sea la cara del sujeto, pues solemos tender a fijarnos demasiado en su expresión facial e ignoramos objetos que forman parte de su vestimenta o su cuerpo que en la foto nos pueden hacer perder la atención de lo importante.

No todo son pesadas cámaras réflex

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Es evidente que no se puede ser muy discreto con un pesado equipo fotográfico. Existen ciertas situaciones en las que una cámara compacta puede competir perfectamente con una réflex. Una cámara pequeña, e incluso un smartphone nos permiten pasar por turistas, e incluso pasar desapercibidos. Preferentemente, es mejor usar cámaras con pantallas abatibles y que tengan muy poco retardo al encender y al realizar la toma. Las cámaras CSC son una buena alternativa, por su calidad y por cumplir estas premisas.

Practicar, practicar…y practicar

Es el único secreto. Podemos tener unas bases técnicas bien sentadas de fotografía. Pero sin salir a practicar, nunca aprenderemos a salvar las dificultades de captar escenas espontáneas.

Por ejemplo: ¿somos capaces de manejar la luz en cualquier situación? Sólo a base de práctica descubrirás que un dia de luz dura a las 11 de la mañana puedes aprovechar ciertas zonas con sombra para iluminar correctamente la cara de un sujeto, o utilizar un toldo blanco como reflector para el sujeto que pasa debajo de él. O que cuando el sujeto mira directamente a la fuente de luz, sus ojos saldrán con ese brillo que queda tan bien en las fotos. Sólo la práctica, y nuestros errores, nos ayudarán a asimilar el conocimiento que hay detrás del dia a dia. Pero al principio, por muchos conocimientos que tengamos, sólo obtendremos tomas que no nos convencen del todo. Señal de que hay que seguir practicando.

Foto de portada | Flickr de Gytis

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