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Guía práctica sobre la profundidad de campo y cómo usarla a tu favor (y III) - Alfonso Domínguez

A estas alturas y para terminar nuestra serie de artículos sobre la profundidad de campo vamos a terminar con dos conceptos muy importantes y que nos asegurarán, de entenderlos bien, una mejora en la calidad de nuestras fotografías: hiperfocales y el uso de la profundidad de campo como elemento compositivo.

Las hiperfocales: para qué sirven

Cuando uno se inicia en fotografía y sobre todo si lo que le gusta es la fotografía de paisaje uno de los errores mayores es olvidarse de la apertura (o dejar el modo automático, incluso), enfocar al infinito y disparar. Vamos que enfocamos a aquella montaña o árbol que vemos allí lejos.

Así, normalmente, lo que está en primer plano resulte algo más desenfocado mientras que el fondo queda nítido. Bien, esto en algunas fotografías puede quedar bien, pero cuando empiezas a entender la composición y cómo equilibrarla, sueles darte cuenta de que quizás el primer plano debería tener el mismo grado de detalle (nitidez) que el fondo. Esto suele pasar porque pensamos, de forma equivocada, que en los paisajes miramos solamente al infinito, al horizonte, al fondo, en definitiva.

Un buen día, nos vamos a hacer fotografías, en verano o primavera, a eso de las 12 de la mañana. Hay mucha luz. Te suena aquello de la regla Sunny 16 pero lo ves complicado. Disparamos y vemos que salen quemadas y te preguntas que habrás hecho mal. Te das cuenta que alguien te habló de cerrar el diafragma cuando había mucha luz. Entonces lo cierras a f/11 o f/16 y pruebas. Mucho mejor. Cuando las revisas en casa notas que esas fotografías no tienen el problemilla del primer plano que hemos comentado. ¿Qué ha cambiado? Como ya hemos visto en los capítulos anteriores, al cerrar el diafragma, cierto que pasa menos luz pero también aumentamos la profundidad de campo.

Entoces ¿cómo podemos definir la distancia hiperfocal? La distancia hiperfocal es la distancia mínima a la que debo enfocar con mi cámara en unas condiciones de longitud focal y apertura del diafragma determinadas para que la zona razonablemente nítida que hay por detrás del punto de enfoque llegue hasta el infinito. Así tendremos tres variables: Cámara, focal y apertura (en mi caso, por ejemplo, podría ser: Nikon D7000, 10mm, f/8).

Para aquellos que querráis conocer la fórmula:

Distancia hiperfocal = focal²/(círculo de confusión x número F)

Además tened en cuenta que el círculo de confusión varía en función del tamaño del sensor (full frame, APS o CSC por ejemplo).

De la fórmula, se deduce rápidamente, algo que ya sabríais muchos y es que los objetivos gran angulares “tienen” mucha profundidad de campo ¿verdad? ya que cuanto menor sea el dividendo de esa fórmula menor será el cociente de la misma.

Pero si no te quieres volver loco con las matemáticas para calcular la profundidad de campo, recordad que ya hablamos de algunas herramientas en el capítulo primero, podéis echar un vistazo. Así con mis datos, usando DOF Calculator me sale una distancia hiperfocal de 0,635m. Más exactamente: a partir de la mitad de 0,635m de mi cámara al realizar la fotografía quedará enfocado perfectamente. Para aclararlo ved la gráfica de DOFMaster.

DOFMaster
http://www.dofmaster.com/

Esto es muy útil, en fotografía nocturna o en condiciones de baja luz. Enfocamos a la distancia hiperfocal y ya podemos dejar nuestro enfoque en manual y olvidarnos del autofocus el resto de la noche.

Un apunte, la profundidad de campo no es un valor absoluto. Tiene también relación con el soporte de salida de la fotografía y la distancia desde la que se verá. No es lo mismo ver la fotografía desde el monitor, en la pantalla de la cámara que en una pared a 20×25cm o a un tamaño de 100×150cm. La sensación de nitidez será diferente en cada caso.

La profundidad de campo como elemento compositivo

Empezaré al revés. Olvidarnos absolutamente de la profundidad de campo o reducirla al mínimo puede dar como resultado imágenes desenfocadas que nos evoquen cierto aire de misterio o cierta intriga como ya hemos tratado anteriormente en: “Fotografías fuera de foco: Una forma diferente de ver el mundo”.

Bien, si he logrado explicarme acertadamente (cosa que espero) a través de estos tres capítulos habremos descubierto algo, casi, casi sin deciros nada: La fotografía tiene solo dos dimensiones pero descubrimos una tercera dimensión a través de la profundidad de campo. Es decir, es una representación bidimensional de una realidad tridimensional (aunque podríamos pensar que también se puede ‘representar’ el paso del tiempo, la cuarta dimensión, con las largas exposiciones).

Así, la profundidad de campo sirve para aislar el centro de interés o centrar los motivos de la fotografía. Cuestión más que evidente cuando utilizamos una mínima profundidad de campo, como ya hemos visto.

Por tanto, jugando con mayor o menor profundidad de campo podemos realzar o guiar la mirada del espectador hacia el conjunto o un elemento en particular. De esta forma estaremos jugando con la profundidad de campo como un elemento compositivo más.

Un detalle, siempre, para asegurar una profundidad de campo perfecta, usa trípode y algún tipo de disparador, por favor. Una última cosa, no dejéis de preguntar vuestras dudas sobre la profundidad de campo.

En Xataka Foto | Guía práctica sobre la profundidad de campo y cómo usarla a tu favor (I)|(II)|(III)

Fotografía de portada | Alfonso Domínguez

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