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Del selfie a la contratación de un fotógrafo profesional, así son nuestros recuerdos

Del selfie a la contratación de un fotógrafo profesional, así son nuestros recuerdos
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Ahora que ya el verano va llegando a su fin, es hora de hacer balance. Como curiosa (por no decir cotilla) observadora de las acciones del ser humano, hay un detalle que siempre ha llamado mi atención, y es ese comportamiento que tenemos cuando queremos retratarnos en un lugar objeto de numerosas miradas durante nuestros periplos vacacionales.

La manera de comportarnos ante la toma de dichas fotografías ha ido cambiando con el paso de los años. Me vienen a la memoria esas fotografías de nuestros abuelos situados detrás de una especie de decorado durante las fiestas del pueblo, método para conservar nuestros recuerdos que no ha cambiado con el paso de los años, si visitamos el Parque de Atracciones en la actualidad, aún el fotógrafo nos está esperando a la entrada para realizar esa imagen con nuestros familiares y amigos.

Nuestros recuerdos fotografiados por un profesional

Selfie5 Fotografía antigua con decorado del Tibidabo

Si atendemos a esos dos ejemplos, los cuales se pueden completar con todas aquellas agencias que realizan fotografías a grupos en lugares tan exóticos como Tierra Santa o sin ir más lejos Roma hace unos cuantos años, estamos ante un tipo de fotografía pensada para el recuerdo de varias personas, que en muchos casos, se ven obligadas a comprar dicha fotografía por eso de no quedarse sin ese momento con todos sus compañeros de viaje.

Hace un par de días leí la noticia, que después comentó nuestro compañero Daniel en Xataka Foto, sobre algunas empresas que están ofreciendo realizar reportajes a aquellas personas que lo deseen durante sus vacaciones. Ésto sería un paso más al cada vez más implantado fotorreportaje social donde el fotógrafo pasa un día con una familia, algo que en gran medida surgió por esos reportajes en exteriores de prebodas y postbodas unidos a los posteriores new born o fotografías con las mascotas.

Selfie3 (c) Dani Vázquez

Bien, con esta nueva forma de conservar nuestros recuerdos, dejaríamos atrás esos carretes cuyos negativos en ocasiones salían velados, o nuestras cabezas aparecían cortadas (ejem, me suena a contemporáneo), o las fotografías torcidas sin estar haciendo aposta esos planos holandeses que tanto nos gustan.

¿Será este método algo que se implante como moda desterrando así al actual selfie con palo? Por el momento no parece factible, aunque daría de comer a muchos fotógrafos en paro. Primero porque parece que está destinado a personas con cierto nivel adquisitivo y segundo porque al palito aún le queda mucha vida.

Nuestros recuerdos tomados por nosotros mismos

Si hablamos del selfie o autorretrato, vemos que es una práctica que viene unida a la fotografía desde el principio. En un artículo ya pudimos comprobar cómo muchos fotógrafos de la historia tienen sus propias versiones. Y es que, como en la pintura, el hecho de retratarse a uno mismo va implícito en nuestro carácter de "artistas".

Selfie1 (c) Afrén Sánchez

Efectivamente en el común de los mortales, esa práctica del autorretrato no es que la tuviesen muy presente. Si buceamos por nuestras antiguas fotografías o las de nuestros padres, era prácticamente nula. Ha tenido que llegar la tecnología móvil y un hecho puntual para que el gesto actual del autorretrato nos haya cambiado el paisaje cuando miramos un monumento en nuestros viajes.

La filosofía antes del selfie era la de tomar fotografías de esos monumentos o si acaso aparecer junto a ellos porque le pedíamos a una persona que nos tomase una foto. Hay un gesto que se ha repetido en varias ocasiones desde que nos hacemos autorretratos con el móvil, me pasó en Sevilla el viernes pasado. Una mujer llegó ante la puerta de la catedral, cogió su móvil, lo alzó y se hizo un selfie con la escultura de su entrada. Lo mismo que el año anterior vi cuando otra señora se acercó a la Puerta del Paraíso del Baptisterio de Florencia.

Selfie6 (c) Amut 79 Selfie con Gioconda, ¡A dónde hemos llegado!

Recuerdo la primera vez que pisé París hace casi una década, estaba tranquilamente paseando alrededor de la Pirámide del Louvre cuando empecé a ser muy solicitada para tomar fotografías a los turistas. Hace tiempo que no visito aquella ciudad, pero seguramente hoy aquella escena sea totalmente distinta.

Como también lo es en lugares tan fotografiados como la Fontana de Trevi en Roma. Recuerdo también hace varios años cómo algunos inmigrantes venían a ofrecerse con una cámara Polaroid para tomar retratos a las parejas. El año pasado todo aquello había cambiado, ya no se ofrecían para hacer fotografías sino que directamente se habían metido en el negocio de vender palos de selfie.

En resumen

La tecnología y algunos hechos puntuales como aquel selfie en la ceremonia de los Oscars, han hecho que en muy pocos años, prácticamente dos, la manera de guardar nuestros recuerdos haya cambiado de forma asombrosa. Incluso esos decorados de los que hablaba al principio, ahora se han convertido en displays publicitarios donde dejamos ver nuestro rostro para tras la fotografía inmediatamente subirla a las redes sociales.

Todo es más ágil, todo va más rápido, la contemplación de un monumento ha quedado relegada a unos pocos segundos cuando Facebook nos recuerda que estábamos haciendo hace un año. En esa imagen aparece nuestro careto sonriendo ficticiamente para la foto. Ya poco nos importa su belleza sino que el mundo sepa que hemos estado junto a la Estatua de la Libertad. Libertad que perdimos cuando el palo llegó a nuestras manos como esposa que viaja atada a nuestra muñeca. Libertad que no sabemos si lograremos recuperar, porque no soy adivina, no sé que vendrá después de todo ésto, aunque espero que no sea un futuro escrito con drones.

Foto de portada JMG de nuestro grupo de Flickr

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