
Tras el Photographer of the Year 2009, ahora es National Geographic quien se ha fijado también en ella este año. Y es que es imposible no mirar las imágenes de Betina La Plante y no pasar al menos unos instantes “mirando esas miradas”. Mirar esas miradas es lo que me atarajo la primera vez que descubrí los retratos de Betina La Plante. Sus imágenes dejan tras de sí un halo de ternura, emoción y la frescura de quien coge una cámara por vez primera. Madre, antes que fotógrafa, esta argentina, que estudió arte dramático se desenvuelve como pez en el agua en el campo del retrato. Imágenes sencillas pero al tiempo intensas y poderosas, casi siempre con el Blnco y Negro como técnica esencial, recuerdo de su vida analógica.
Betina dejó muy pronto Argentina, a la edad de 8 años, para ir con su familia a Europa. Algo más tarde en la Art Foundation de Londres inició sus estudios artísticos terminando estudiando Arte Dramático en Roma. Antes de volver a Londres trabajó en la televisión y en la producción durante varios años. Actualmente vive en Ojai, una pequeña población californiana, a unos 100 km de Los Ángeles. Casada con el escritor Richard La Plante, se define como madre a tiempo completo y fotógrafa ocasional. Comenzó a tomar más en serio la fotografía tras un encuentro a través de unos amigos con el gran Elliott Erwitt mientras vivía en East Hampton, Nueva York. Con experiencia en eventos, bodas, localizaciones, fotografía de castings para cine pero apasionada con el retrato. Los resultados de una sesión con el actor Terence Stamp, le proporcionó el impulso necesario comenzar en serio.












