Si alguna vez habéis visto el típico documental rodado desde un helicóptero en el que la cámara parece no vibrar, debéis saber que para conseguir ese efecto la cámara suele ir acoplada a un complejo y aparatoso estabilizador basado en giroscopios.
Para comprender cómo funciona un giroscopio, debéis imaginar una peonza. Cuando la hacéis funcionar, notaréis que su eje de giro opone resistencia a la inclinación, lo que permite a la peonza mantenerse en pie. A esto se le llama efecto giroscópico, es decir, aquel que se opone al cambio del eje de giro de un objeto. Cuanto mayor sea la velocidad giratoria, más se notará este efecto.
Sin entrar en detalles más técnicos, de momento lo importante es que sepáis que este efecto es la base de los estabilizadores que se utilizan en los barcos, los aviones y cómo no: en las cámaras.






